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Chihuahua. Chih., a 30 de Julio de 2008.-Este miércoles 30 de julio a las 20:00 horas en el Palacio de Gobierno del Estado de Chihuahua se llevará a cabo la escenificación del Fusilamiento del Padre de la Patria, a 197 años de haber sucedido tan importante hecho histórico, semilla de libertad, independencia y democracia social.
Al respecto, el Lic. Alonso Rodríguez, Director de la Universidad regional del Norte en Ciudad Juárez, comentó a Tres Siglos Tres Fiestas: “Me llama la atención que cada vez se enriquezca la escenificación de la muerte de Hidalgo. Desde la primera ocasión que pensamos en realizar este evento en el área de Patrimonio Histórico y Cultural del ICHICULT se cuidaron detalles de vestimenta, ya que se trajo desde la ciudad de México y el encargado de conseguir esto fue mi compañero y amigo, el antropólogo Marco Antonio Martínez, que en paz descanse, junto con David y Horacio Flores, actualmente Director de Vinculación de educación y Cultura. Siento mucha emoción al ver que muchos proyectos donde nos tocó iniciarlos, aún sigan desarrollándose”, concluyó Alonso Rodríguez, quien en ese entonces fungía como Director del Museo Casa de Juárez y responsable del sitio Histórico “Calabozo de Hidalgo”.
Atinadamente se ha venido desarrollando esta conmemoración que forma parte de la historia de Chihuahua, por lo que se invita a las familias a que asistan vestidos a la usanza con el fin de que sean parte de la celebración y a que previo al evento disfruten de la celebración de un Reconocimiento a la Compañía Folklórica de la UACH, que se realizará a las 18:00 horas en Plaza Mayor, asimismo a que visite hoy a las 19:00 horas la Casa Chihuahua, donde se tendrá la representación de los Diálogos de Miguel Hidalgo y Melchor Guaspe.
Según documentos y testimonios de la época, poco antes de la siete de la mañana del 30 de julio de 1811, se llevó el desayuno a don Miguel Hidalgo y notando este que le llevaban menor cantidad de leche que la acostumbrada, reclamó diciendo que no porque le iban a quitar la vida, debían reducirle la leche.
Posteriormente fue conducido desde su prisión hasta el patio interior del ex-colegio de jesuitas, donde habría de morir fusilado a manos de un pelotón compuesto por 12 soldados, comandado por el Teniente Pedro Armendáriz. De aquellos soldados conocemos los nombres de: Juan Vicente García, Felipe Varela, Antonio Parra, Albino Parra, Juan Molina, José Quintana, Miguel Ruíz, José Tarín, Victorino Torres.
El inmueble se encontraba resguardado ese día por mil soldados en el exterior y doscientos en su interior, previendo cualquier intento por liberar al reo o manifestación a favor de la insurgencia. Para entonces, después de tres meses de estancia de Hidalgo en la Villa, la causa de la independencia había ganado algunos adeptos en el lugar.
Al ir de camino a su ejecución, Hidalgo recordó que en su cuarto había dejado algunos dulces, los cuales solicitó le fueran llevados y se detuvo a esperarlos. Al recibirlos, los compartió con los soldados que lo escoltaban y sabiendo que éstos tenían órdenes de no disparar sobre su cabeza, temió sufrir mucho, por lo que les dijo: La mano derecha que pondré sobre mi pecho, será hijos míos, el blanco seguro a que habéis de dirigiros.
De acuerdo a una carta que el Teniente Armendáriz posteriormente escribiera señalando la gran templanza mostrada por el Padre de la Patria en su última hora, nos describe el fusilamiento de la siguiente manera:
“...Lo condujimos al corral del mismo Hospital a un rincón donde le esperaba el espantoso banquillo; la marcha se hizo con todo silencio. Llevaba en la mano derecha un librito y un crucifijo en la izquierda. Llegó al banquillo y entregó a un sacerdote el librito y sin hablar palabra por sí, se sentó en el tal sitio, en el que fue atado con dos portafusiles de los molleros, y con una venda de los ojos contra el palo, teniendo el Crucifijo en ambas manos, y la cara al frente de la tropa, que distaba formada dos pasos, a tres de fondo y a cuatro al frente; con arreglo a lo que previne, le hizo fuego la primera fila: tres de las balas le dieron en el vientre y la otra en un brazo que le quebró; el dolor lo hizo torcerse un poco el cuerpo, por lo que se zafó la venda de la cabeza y nos clavó aquellos hermosos ojos que tenía. En el tal estado, hice descargar la segunda fila que le dio toda en el vientre, estando prevenidos que le apuntasen al corazón; poco extremo hizo, sólo sí, se le rodaron unas lágrimas muy gruesas. Aun se mantenía sin siquiera desmerecer en nada aquella hermosa vista, por lo que le hizo fuego la tercera fila, que volvió a errar no sacando más fruto que haberle hecho pedazos el vientre y espalda, quizá sería porque los soldados temblaban como unos azogados. En este caso tan apretado y lastimoso, hice que dos soldados le dispararan poniéndole la boca de dos cañones sobre el corazón, y fue con lo que se consiguió el fin...”
Su cuerpo fue expuesto al público durante algunas horas en una mesa a la derecha de la puerta principal del Hospital y sobre ella una silla, en la que lo sentaron para que sirviera de escarmiento a todos aquellos que intentaran sublevarse y seguir la causa insurgente.
El pueblo conmovido desfiló frente al cadáver, ocultando lágrimas y gestos de desaprobación por lo sucedido. Mientras, en la iglesia parroquial se ordenó una misa cantada, en la que el padre José María García pronunció el sermón de “escarmiento” y –según se dice- tras lo cual enfermó de fiebre y murió a los pocos días.
Ya al obscurecer de aquel 30 de julio, siguiendo las órdenes del General José María Calleja, Nemesio Salcedo hizo decapitar el cadáver de Hidalgo, al igual que lo había hecho con los de Allende, Aldama y Jiménez.
Las cuatro cabezas fueron conservadas en salmuera por los practicantes del Hospital Militar y fueron enviadas a Guanajuato para ser expuestas en unas jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en el mes de agosto. En la puerta principal de este recinto, por orden de Calleja se colocó un ignominioso letrero que explicaba a quien habían pertenecido los despojos expuestos.
Los restos del cuerpo del Padre de la Patria, fueron recogido por los frailes franciscanos, quienes le dieron cristiana sepultura en la capilla de San Antonio, anexa al templo de San Francisco.
Los demás insurgentes, fueron enterrados en el panteón de San Felipe (terreno que ocupa actualmente el jardín Abraham González, antes conocido como Parque 25 de Marzo, en las calles Independencia y Paseo Bolívar), dónde aún hoy día permanecen. Los restos de los cuatro cabecillas fueron trasladados a la ciudad de México por disposición del Congreso de la Unión en agosto de 1823 y posteriormente, en 1925, a la columna de la Independencia, en dicha ciudad.
AUN EXISTE EN PALACIO DE GOBIERNO EN CHIHUAHUA, EL CALABOZO DE DON MIGUEL HIDALGO





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