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Costa ConcordiaEnero 25 de 2012.- Una mole lujosa llamada “Costa Concordia” de 17 pisos y 114 mil 500 toneladas se abrió el casco en un escollo, arrecife, piedra o restinga de la isla toscana del Giglio dadas las lecciones no aprendidas, arrogancias culpables, incompetencias evidentes y exceso de confianza de un capitán que dejó de serlo por cobardía llamado Francesco Schettino.
Un Vicealmirante de San Blas, amigo mío, dice que todo capitán tiene dos deberes inexcusables: gobernar su nave con seguridad más destreza y, en caso de naufragio, procurar el salvamento de pasaje, tripulación, carga y el barco mismo. Francesco Schettino, de Meta Di Sorento, escapó a su deber y conciencia; demostró que no es marino.
Francesco, antes de salvar a pasajeros y tripulantes, estuvo 45 minutos con el celular pegado a la oreja pidiendo instrucciones a su empresa y mintiendo a la autoridad marítima de Livorno. Frente a un tribunal naval de los de antes, lo habría llevado a la soga de una horca. No encarar una desgracia con dignidad es vileza. ¿Sabe de algún Schettino “leero”?
Un Vicealmirante de San Blas, amigo mío, dice que todo capitán tiene dos deberes inexcusables: gobernar su nave con seguridad más destreza y, en caso de naufragio, procurar el salvamento de pasaje, tripulación, carga y el barco mismo. Francesco Schettino, de Meta Di Sorento, escapó a su deber y conciencia; demostró que no es marino.
Francesco, antes de salvar a pasajeros y tripulantes, estuvo 45 minutos con el celular pegado a la oreja pidiendo instrucciones a su empresa y mintiendo a la autoridad marítima de Livorno. Frente a un tribunal naval de los de antes, lo habría llevado a la soga de una horca. No encarar una desgracia con dignidad es vileza. ¿Sabe de algún Schettino “leero”?





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