Tenemos Focos Rojos con los Motociclistas

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Nuevamente se consigna en el departamento de tránsito un aparatoso accidente vial, donde se involucra un motociclista que se estrelló contra una camioneta, derrapó y fue a dar con toda su humanidad a la cinta asfáltica, quedando malherido y con su artefacto destruido, pero afortunadamente si traía el casco puesto, circunstancia ésta, que tal vez le salvó la vida.

Es de llamar la atención que este encontronazo sucedió en la “nueva pista de carreras”, es decir la 20 de noviembre, donde en más de una ocasión ha sido escenario de tremebundos accidentes, algunos fatales y de triste memoria. ¿Qué está pasando aquí? ¿no hay vigilancia? 

Esto sin lugar a dudas ya debe alertar a las autoridades para obrar con mano dura en contra de los conductores de estos ruidosos aparatos, que no solo representan un peligro para ellos, sino para el resto de la ciudadanía.Y cuando digo que deberán obrar con mano dura, no lo hago en franca Motofóbia -si me aceptan el término-, sino basado en lo suelto que está el control de este supuesto modo de transporte, que de un tiempo para acá se ha convertido en una amenaza pública, por la displicencia con la que los pilotos –generalmente jóvenes- se conducen en las calles, ya de por sí turbadas por el tránsito excesivo.

Nada más, en lo que va del mes, tenemos resultados estadísticos elevados en cuanto a los hechos de tránsito relacionados con los biciclos motorizados, que han dejado secuelas alarmantes, heridos graves, un difunto y altos daños materiales.

Pero la ocurrencia de este tipo de accidentes no parece mermar, al contrario va en aumento, pues dejando de lado la fatalidad y adentrándonos en el terreno de la realidad, parece que cada vez que ocurre una desgracia de esta naturaleza, dispara la adrenalina de los “moto adictos” y los impele a ser más temerarios, si no como se explica que en el Periférico, Niños Héroes, Centauro del Norte,  salida a Santa Bárbara y otras avenidas, se vean o se escuchen las poderosas máquina que corren a toda velocidad.

Y un problema que tiende a crecer es el de los mensajeros en motocicleta, no por el número sino, por la falta de pericia de muchos o la inexperiencia que denotan, pues en aras de llegar pronto al destino de su viaje, van sorteando los automóviles, zizagueando y rebasando por la DERECHA sin medir las consecuencias y con el inminente peligro de ser atropellados o de lesionar algún transeúnte.

Y una plaga que se ha desatados es el de los niños, niñas y jovencitos púber, que andan trepados en las novedosas Cuatrimotos, hasta tres o cuatro haciendo peripecias, acrobacias y una serie de suertes  en las calles del centro o de las colonias, ante la posibilidad de ocasionar o provocar una accidente de pronóstico reservado, pues este tipo de aparatos son muy susceptibles de volcarse o salirse de control, si no existe el dominio adecuado y la pericia necesaria para controlarlos.

Es tiempo de que tanto lo dueños de negocios o familias que se relacionen con alguien que tripule alguno de estos equipos motorizados, tengan mayor vigilancia sobre ellos, so pena de sufrir algún sobresalto o lamentable accidente que les deje señalados para toda la vida.

Las autoridades de tránsito deberán acentuar la vigilancia y ser más incisivos a la hora de las revisiones, para no pasar por alto detalles tan importantes como el casco de protección, tanto para el piloto como para el copiloto y acompañantes.

Pero más que nada debería establecerse obligatoriamente el uso de licencia para conducir, previa a  una capacitación como se aplica para los automovilistas, es decir no dejarlos al garete y tener cierto control para prevenir accidentes, a la vez que reciban instrucción sobre las obligaciones inherentes al comportamiento vial y al conocimiento del reglamento de tránsito, pero sobre todo del compromiso de respetar los señalamientos, circunstancia ésta, que cuando falta, ha sido causal de muchos de los incidentes que sufrimos.

Los chinos dicen que si necesitamos una solución inmediata, hay que actuar con prontitud. Si queremos una que dure diez años, hay que planificar. Pero si queremos una que dure cien años, hay que educar al pueblo. Esto es lo que hay que hacer con relación a la cultura vial en Parral, y esto es, obviamente, una tarea del gobierno. O debía serlo.

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